LA MAYORDOMÍA DEL TIEMPO



LA MAYORDOMÍA DE TIEMPO


I. INTRODUCCIÓN

A. La importancia de las premisas

1. Son verdades que aceptamos y que nos permiten la construcción de nuestra visión del mundo.

2. Son como los cimientos de una casa, la solidez de todo lo que construyamos depende de que tengamos o no premisas y, incluso en el caso de que las tengamos, las aceptemos y apliquemos.

B. Las premisas acerca de la mayordomía

1. La primera premisa es que todo lo que soy y tengo pertenece a Dios.

a. Esto es así en primer lugar por creación. Hemos sido creados por dios y, por tanto, a Él pertenecemos.

b. Esto es así en segundo lugar por redención. Hemos sido comprados, tal y como dice Pedro en su primera carta, capítulo 1, versículos 18 y siguientes, a un alto precio.

2. La segunda premisa es que yo soy un mayordomo, nada de lo que tengo me pertenece realmente sino que es propiedad de Dios, para ser usado para sus propósitos, mientras disfruto de todo ello en usufructo.

C. La no aceptación de las premisas acerca de la mayordomía

1. Muchas personas están al ciento por ciento de acuerdo con las premisas de la mayordomía, pero lo están a un nivel puramente intelectual, sin que esto haya afectado la manera en que viven.

2. La aceptación intelectual dista mucha de la integración vital y tiene poco valor a los ojos de la Escritura que afirma sin ambages que lo importante no es el conocimiento sino la obediencia. Jesús afirma en Juan 14:15 que la obediencia a sus mandamientos es la única señal de que realmente le amamos. También indica en Mateo 7, versículos 15 y siguientes que la obediencia es lo que prueba la realidad y solidez de nuestra fe.

3. Una aceptación únicamente intelectual pero no vital hace irrelevante el tema de la mayordomía.

4. Lo convierte en un tema de discusión intelectual. Discutimos sobre lo que pensamos o dejamos de pensar. Sobre nuestras opiniones y conjeturas, sin dejar que la Escritura moldea nuestro estilo de vida.


a. En el mejor de los casos se convierte en una colección de actos puntuales y simbólicos, dar ciertas cantidades de dinero, dedicar una cierta parte de mi tiempo, etc.


II. LA PREMISA BÍBLICA ACERCA DE LA MAYORDOMÍA DEL TIEMPO


A. Cuando hablamos de la mayordomía del tiempo no estamos hablando de cuántas horas a la semana invertimos en actividades de tipo religioso.

B. Estamos hablando de cómo invertimos nuestra vida y en qué cosas la estamos invirtiendo.

1. Porque vida y tiempo son sinónimos. El pensado norteamericano Benjamín Franklin tiene una frase genial que capta esta realidad. No desperdicies el tiempo porque es la sustancia de que está hecha la vida.

2. Realmente la vida está hecha de tiempo

a. Si lo pensamos bien y detenidamente nos daremos cuenta que donde va nuestro tiempo es, en realidad, donde va nuestra vida.

b. Invertimos nuestra vida, es decir, nuestro tiempo en aquellas cosas que consideramos importantes y valiosas.

c. Un simple análisis de dónde van nuestras horas revelará de forma clara donde están nuestras prioridades y las cosas que consideramos importantes en nuestras vidas. Es otra manera de ver la apreciación que Jesús hace de la vida y de las cosas que realmente, no teóricamente, son prioritarias para nosotros. Mateo 6:21

3. El lenguaje popular refleja esta identificación entre vida y tiempo

a. Utilicemos algunas de las frases que habitualmente usamos y cambiémosle simplemente una palabra, veremos como suenan:

(1) No tengo vida
(2) Me falta vida
(3) Se me va la vida entre los dedos
(4) ¡Si tuviera más vida!
(5) No paro de perder mi vida
(6) Tengo que sacar vida para hacer lo que realmente quiero
(7) Malgastar la vida
(8) Matar la vida
(9) Etc., etc.

C. La mayordomía del tiempo no tiene que ver con la agenda sino con la vida

1. La agenda simplemente refleja las prioridades existentes en nuestra vida, sean estas correctas o no lo sean.



III. LA NATURALEZA DEL TIEMPO


A. El tiempo pertenece a Dios

1. Si hemos sido comprados por alto precio tiene sentido que también nuestro tiempo pertenece al Señor.

2. Si el tiempo es vida, no vivimos para nosotros mismos, vivimos para aquel que murió y resucitó por nosotros para que nosotros ya no vivamos para nuestros propios propósitos, sino los de Jesús. Pablo es radical cuando afirma esto en Romanos 14:7-9. Leer este pasaje sustituyendo vida por tiempo le da una nueva dimensión, mucho más práctica y cercana.

B. El tiempo es democrático

1. A todos se nos ha dado la misma cantidad de tiempo. No existen personas que tienen días de cuarenta horas mientras que otras los tienen de tan sólo 20.

2. A diferencia de los dones espirituales o los talentos naturales, a todos se nos ha dado la misma cantidad de tiempo o vida.

C. El tiempo tiene sus propias reglas

1. Precisamente debido a su naturaleza el tiempo no puede ser:

a. Acumulado. El tiempo que hoy nos sobra no podemos guardarlo para usarlo mañana. Cada día hay que gastar la cantidad de vida que se nos ha otorgado.

b. Detenido. A diferencia de los partidos de baloncesto, no es posible detener la vida, esta avanza de forma inexorable y debemos manejarla en el momento.

c. Estirado. No es posible aumentar la cantidad de tiempo disponible. Siempre hay más cosas que hacer que tiempo o vida disponible.

D. La Biblia afirma que hay tiempo para todo

1. La Escritura dedica todo un capítulo del libro de Eclesiastés, concretamente el tercero, para recalcar esta verdad. Todo tiene su tiempo, dice la Palabra, y existe un tiempo para cada cosa.

E. Los principios hasta aquí mencionados, que el tiempo pertenece a Dios, que es democrático, que tiene su propia naturaleza y que hay tiempo para todo, nos exigen una buena mayordomía del mismo.


IV. EL MANDATO BÍBLICO

A. El pasaje clave

1. La referencia bíblica fundamental acerca de la mayordomía la encontramos en Efesios 5:15-17

a. Por lo tanto, mirad bien cómo os portáis. No viváis neciamente, sino con sabiduría. Aprovechad bien el tiempo porque los día son malos. No actuéis tontamente: procurad entender cuál es la voluntad del Señor.

2. El punto central de este pasaje es la comprensión de cuál es la voluntad de Dios, dicho de otro modo, es esta comprensión la que nos permite ciertas cosas de suma importancia:

a. El aprovechamiento del tiempo, o de la vida.

b. Evitar la necedad y la insensatez, que según este pasaje de Pablo caracterizan la vida, el tiempo, de aquellos que desconocen la voluntad de Dios.

(1) el diccionario define al necio como un imprudente o falto de razón, como aquel que es ignorante y que no sabe lo que debe o podía hacer.

(2) En la Escritura el necio es aquel que no ordena su vida conforme a los propósitos y enseñanzas de Dios, tanto el libro de los Salmos como el de Proverbios están plagados de referencias al necio y al sabio quien es, en contraposición al primero, aquel que ordena su vida conforme a los propósitos del Señor.

(3) Por otra parte, el diccionario define al insensato como aquel carente o deficitario de entendimiento.

c. Poder vivir con sabiduría

3. Si para ser un buen mayordomo de la vida hay que conocer y entender la voluntad de Dios, la pregunta que rápidamente se deduce sería ¿en qué consiste, cuál es esta voluntad de Dios?

a. Para poder contestar sin recurrir a los tópicos evangélicos de siempre, debemos estudiar de forma cuidadosa el contexto del pasaje en el que se encuentran los versículos antes mencionados de Efesios. Hemos de referirnos necesariamente al capítulo cinco de dicha epístola.

b. Pablo comienza la misma con la frase que nos ayuda a entender todo lo que sigue a continuación. En el versículo 1 afirma, sed pues, imitadores de Dios como hijos amados.

(1) La voluntad de Dios pasa, pues, por una imitación del Dios al que invocamos y reconocemos como Padre.

(2) Una segunda pregunta que naturalmente surge de la primera sería, ¿en qué debemos de imitarlo de forma práctica? El propio pasaje, como no podía ser de otro modo, nos da la respuesta:

(a) imitarlo en su entrega sacrificial, es decir, costosa, para la redención de un mundo necesitado. Véase los versículos 1 y 2.

(b) Por otro lado, imitarlo en su santidad, es decir, en permitir que el carácter de su Hijo se desarrolle en nuestras vidas. Véase los versículos 3 y siguientes.

4. De forma práctica aprovechamos bien el tiempo, la vida, cuando la vivimos de tal manera que cumplimos la misión a la que hemos sido llamados –colaborar con Dios en su tarea de restaurar el mundo-

a. Si pensamos en la mayordomía del tiempo como las horas que dedicamos a la iglesia después de nuestras agotadoras jornadas de trabajo no hemos entendido absolutamente nada.

b. Es precisamente en nuestro trabajo, en nuestra vida cotidiana donde llevamos a cabo nuestra misión siendo agentes colaboradores de Dios en su proceso de restauración. Orando por las personas que están en los círculos donde nos movemos, intercediendo por ellas, pidiendo sensibilidad para poderles ministrar en sus necesidades. Cuando entendemos y vivimos así es cuando vivimos acorde con la voluntad de Dios y de forma sabia.

5. De forma práctica aprovechamos bien el tiempo, la vida, cuando invertimos una parte del mismo para acercarnos más a Dios por medio de las disciplinas espirituales y, de ese modo, le permitimos moldear y cambiar nuestra vida.

a. Todos los cultos del mundo nunca podrán ser un sustituto de nuestra búsqueda personal, privada, diaria del Señor. Del mismo modo que toda el conocimiento bíblico del mundo nunca podrá compensarnos de su puesta en práctica.


V. ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS

A. Crea tiempo para pasarlo con Dios. El lenguaje es engañoso, utilizar la expresión, no tengo tiempo, es usar un lenguaje de eludir la responsabilidad. La Biblia es clara, hay tiempo disponible, el tiempo no se encuentra, el tiempo se crea para hacer las cosas.

B. Pon en primer lugar las cosas primeras. Debemos tener una clara visión de cuáles son las prioridades a la luz de la Escritura, Dios es lo primero –que no debe ser confundido con la práctica religiosa- nuestra familia es lo segundo y el trabajo viene en tercer lugar.

C. Huye del engaño que afirma que la mayordomía del tiempo tiene que ver primeramente con las horas que dedicamos a actividades religiosas. No es así, tiene que ver primera y fundamentalmente con vivir nuestra vida a la luz de la voluntad de Dios, siendo colaboradores suyos en su tarea de restauración y formando a Cristo en nuestras vidas.

D. Usa de manera correcta el día de reposo. El objetivo básico y fundamental del día de reposo no es invertirlo en actividades religiosas, sino más bien, utilizarlo para reenfocar la manera en que vivimos nuestra vida. Dios nos da cada siete días el privilegio de pararnos, evaluar si estamos viviendo en conformidad con su voluntad e introducir los cambios que sean necesarios. Podemos ir domingo tras domingo a la iglesia y volver lunes tras lunes a vivir desenfocados.


VI. PREGUNTAS PARA DISCUSIÓN

A. ¿Qué has aprendido acerca de la mayordomía del tiempo?
B. ¿Qué cambios deberías introducir en tu vida a la luz de lo que has aprendido?
C. ¿En qué modo, de qué manera sería diferente tu vida si pusieras en práctica esos cambios?
D. ¿Qué barreras pueden impedirte llevar a cabo estos cambios?

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